Después de pasarme la última hora de avión estudiando la guía de Kuala Lumpur para saber la información básica de la ciudad (moneda, idioma, qué hacer, a dónde ir y cómo hacerlo) hice todos los trámites típicos en el aeropuerto para salir al exterior.
Llevaba más de 24 horas sin dar señales de vida y para mi sorpresa, había wifi gratis en el aeropuerto.
Me quedé en un banco sentado una hora, poniéndome al día con todo el mundo, saqué dinero y me cogí el tren KLIA express que lleva a la ciudad de Kuala Lumpur.
Por el camino empecé a leer más cosas sobre esta ciudad, símbolo del capitalismo en Asia.
Al llegar a la estación de Puthra pillé el metro hasta la estación KLCC, donde estan las famosas torres petronas, el núcleo de la ciudad y muy cerca de allí, mi hostel.
Al llegar estaba agotado y me quedé sin batería en el móvil y encima no tenía el adaptador de corriente de la electricidad de este país, para poder cargarlo.
Pero precavidamente le hice una foto a la reserva con mi cámara de fotos para tener la dirección y el teléfono al menos.
Así que salí cámara en mano al exterior, le pregunté a un policía y como no tenía ni idea, llamó a un taxista.
El taxista me dijo que me llevaba y cual fue mi sorpresa cuando vi que no tenía ni idea.
Paró en dos gasolineras, llamó a otro taxista (con el taxímetro apagado claro) y al final desistió y llamó al hotel.
En menos de 5 minutos estaba allí, me dijo el preció y me pareció que me estaba timando porque no me había mirado a cuanto estaba el cambio, pero me daba igual, estaba demasiado cansado!
(Más tarde me enteré que me había cobrado el doble por una carrera en la ciudad, pero vamos me había timado 2 euros y 50 céntimos.
La llegada al hotel fue como un manantial de agua pura, desayuno gratis, un puf, ventilador de cara, bambas fuera y 2 horas viendo 3 capítulos de Breaking Bad en mi portátil!
Después de esto ya era la hora del check in. De momento el hotel un 10, ahora estaba expectante al ver como era la habitación porque cuando elegí este hotel fue porque era un hotel ecológico donde las habitaciones están dentro de containers (2 personas) o de tubos de hormigón (recomendable para 1).
Al abrir la puerta sonreí, porque tenía todo lo que necesitaba: aire acondicionado, una botella de agua, sábanas y toallas limpias y unas zapatillas para ir por el hotel, no se podía pedir más!
Lo primero que hice fue ducharme, ir a comer comida local (noodles con sopa algo picante) e ir a descubrir la ciudad.
En primer lugar me dirigí a las gigantescas y ostentosas Torres Petronas y aproveché los centros comerciales circundantes para comprar algunas cosas que necesitaba.
Acto seguido, fui paseando por el parque que hay al lado y cogí el metro dirección padan seni para ir a la zona de Chinatown y disfrutar de la mezla de olores, los mercados ambulantes y el ambiente de un ir y venir de gente.
En la estación hubo un momento muy divertido a la hora de coger el billete del metro en la máquina expededora.
Había mucha gente y se amontonaban filas en cada máquina.
Delante mía habían dos mujeres musulmanas vestidas de negro, eran bajitas y tenían una sonrisa dibujada en el rostro al igual que la mayoría de la gente de allí.
El caso es que al introducir las monedas, la máquina no las detectaba y les entró un ataque de risa que acabaron contagiando a todos los que estábamos en la fila.
Después de un refresco en el 7 eleven y algo de wifi, acabé cenando en una parada de pinchos donde te los hacían a la barbacoa y regresé con el tren hacia la zona de las torres petronas.
Al llegar me impresionó ver el paisaje de noche con todos los rascacielos iluminados, fuentes de colores y gente por todos sitios.
Tras una parada en un starbucks, volví a mi container para descansar y dormir, lo necesitaba.








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