AVENTURAS EN ASIA

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domingo, 13 de julio de 2014

Mi segundo día en Tokio.


Esta noche he conseguido dormir más horas, pero con la siesta que me metí ayer, me ha costado un poco conciliar el sueño.

Me he despertado a las 9:00 más o menos he estado hablando por Whats ap con Asako y parece que hace buen tiempo y el tifón esperado no vendrá.

Asako me ha preguntado qué me apetecía hacer y le he dicho que nada en especial que quería ver como era un día libre suyo y conocer cosas de aquí, aunque le he dejado caer que me gustan los onsen (los baños termales japoneses).


Después de deliberar el plan es el siguiente:


Primero: ir a la Universidad de Tokio y encontrarnos con dos amigos de Asako.


Segundo: Comer en el restaurante de sushi favorito de Asako.


Tercero: Ir a Odaiba al Oedo Onsen Monogatari (baños termales).


Cuarto: Cenar algo.


Quinto: Recoger mi equipaje e ir al aeropuerto.

 

Tras organizar mis cosas y darme una ducha, hice el check out y dejé mi equipaje en el locker de recepción.

 

No me dio tiempo ni almorzar porque había quedado con Asako a las 11:45 y eran las 10:55!

 

Cogí el metro en Asakusa y fui hasta Ginnza donde hice transbordo a la línera Maronuchi, habíamos quedado a la salida de la estación de Todaimae.

 

A la salida estaba allí como un reloj suizo, yo llegaba casi diez minutos tarde para variar.

 

Asako se graduó hace poco así que fue de visita a su antigua universidad y llevaba una bolsa con refrescos para darle a sus colegas, que maja! A mi me ofreció uno pero le dije que eran para sus amigos que no importaba.

 

Llegamos a la Universidad de Tokio y entramos dentro de su departamento (química). Hasta llegar allí se encontró con unos cuantos amigos y su profesor que la saludaron efusivamente y ella muy educada me iba presentando a todo el mundo.

 

En esta universidad los alumnos tienen un despacho compartido donde cada uno tiene su escritorio, libros, apuntes y un ordenador.

 

Entramos en el antiguo despacho de Asako y saludamos a sus compañeros y luego fuimos a otro donde estaba Hishasi.

 

Recogimos a Hishasi y nos fuimos al restaurante de sushi mientras me iba imaginando por allí con mi carpeta debajo del brazo en el caso de que me hubieran dado la beca…

 

Por el camino Hisashi me iba haciendo preguntas y me iba conociendo poco a poco.


Al llegar a la puerta del restaurante pensé lo mismo que la noche anterior cuando estuve cenando con Asako: si no hubiera venido con un local, no hubiera entrado nunca aquí.

 

Entramos y el sitio era muy pequeño, una barra y un par de mesas. Nos sentamos en la barra y me presentaron al dueño del restaurante.

 

En un momento me puse al día de la vida del dueño y eso que no hablaba inglés, Asako e Hishasi hacían de intérpretes. El dueño (que no recuerdo el nombre je je), me explicó que practicaba béisbol y que había sido campeón nacional de atletismo en velocidad cuando era un adolescente, que tenía un banderín de los juegos olímpicos de Tokio del 62 (que me enseñó) y que tenía una hermana que era famosa y que se dedicaba a la interpretación.

 

Después de la introducción Asako estuvo hablando con él mientras cocinaba el sushi y yo estuve hablando con Hishasi del viaje y de otras cosas.

 

En un periquete teníamos allí una tabla con piezas de sushi y una sopa cada uno. Estaba delicioso!


A todo esto en la conversación salió el tema del sake, el dueño me preguntó si lo había probado a lo que le contesté que sí, pero que no me gustaba demasiado.

Inmediatamente sacó un vaso congelado y una botella de sake y me sirvió. Estaba buenísimo, el gusto me recordó al vino blanco.

 

Al final nos despedimos de él, nos hicimos una foto y nos fuimos.

 

Hacía un calor terrible, la nubes habían dejado paso a un sol que quemaba y con la alta humedad que hacía me sudaban hasta las pestañas.

 

Pasamos por una centenaria tienda de peces donde había de diferentes clases junto a tortugas y después nos despedimos de Hisashi el cual me dijo que le encantaría verme a mi vuelta en agosto. Era la hora de irse al balneario.

 

Después de cambios de líneas y transbordos, caminamos un poco y llegamos al Onsen.

Era enorme, muy diferente al privado que visité en mi último viaje.

 

Asako me recordó cómo funcionaba pero yo tenía la impresión de que la iba a liar ajaja.

 

Entramos, dejamos el calzado en unas taquillas, escogimos un yukata (kimono de verano) y cada uno se fue a su vestuario.

 

Allí es donde tuve mis dudas, no sabía si tenía que ir desnudo o con ropa interior debajo del yucata así que me esperé a ver que hacían los japoneses que había por allí.

 

Mientras esperaba, un hombre se pensaba que no sabía ponerme el yucata y amablemente me explicó cómo hacer el nudo del cinturón, que bueno!

 

Después de comprobar que debajo del yucata tenía que llevar la ropa interior, salí del vestuario y me encontré con Asako fuera con sendos yucatas.

 

Acto seguido quedamos al cabo de una hora en el mismo sitio y cada uno se metió en su onsen.

 

Allí empezó otro ritual: metí el yucata y la ropa interior en otra taquilla y como mi madre me trajo al mundo y con una toallita pequeña me metí para dentro.

 

Allí había un conjunto de onsens a diferentes temperaturas, algunos interiores, algunos exteriores, saunas… Estaba en el caldea de Tokio!

 

Acto seguido pasé por la ducha y una vez limpito me fui para los baños (como se hace allí).

 

Estuve disfrutando como un enano, después de tanto ajetreo aquello era una delicia, qué relajación. Conocí a un chico de Huesca que estaba de vacaciones con su novia allí pero que vivía y trabajaba con ella en Azerbaján. Fue genial estar allí relajado y hablando con un paisano en español.

 

Al cabo de la hora salí, me reencontré con Asako, tomamos un refresco y nos fuimos a Shibuya a cenar algo.

 

Me llevó a un sitio muy popular de carne y en efecto, cuando llegamos había cola en la puerta.

Asako estaba preocupada por si no llegaba al aeropuerto, eran casi las 20:00 y tenía que cenar, volver al hostel a por el equipaje y coger el tren al aeropuerto de Haneda para embarcar a las 23:55. No sabía con quién estaba hablando! Se sorprendió al verme tan tranquilo…

 

Esperamos 45 minutos y hasta que entramos me estuve imaginando como sería el local (detrás nuestro se amontonó una buena cola).

 

Al entrar aluciné con el sitio, una barra con 8 taburetes, que pequeño!

 

Eso sí la comida increíble! Te toman nota en la cola, llegas, comes, pagas y el siguienteeeee! Cenamos tranquilamente pero ya al final me iba mirando el reloj, aunque tenía tiempo de sobra.

 

Llegamos a la estación y llegó la despedida, un momento muy curioso. Cuando nos vimos la primera vez nos saludamos a la española (dos besos como dios manda), pero con que allí está mal visto darse besos en público,

pues decidimos saludarnos a la japonesa a partir de entonces (una leve reverencia de cabeza y un saludo verbal).

Con que ya no la vería hasta el mes que viene pensé que tenía que saludarle a la española, así que el resultado fue una mezcla rara donde nos hicimos dos reverencias con besos en el aire! Jajajaja.

 

Acto seguido hice todo lo que tenía que hacer para llegar al aeropuerto de Haneda y allí embarqué dirección a Kuala Lumpur no si antes sentir un punto de nostalgia. 


La capital de Malasia me esperaba.


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