AVENTURAS EN ASIA

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lunes, 25 de agosto de 2014

De vuelta en Japón: el Fuji, Kamakura y cumpleaños nipón.







Cuando pisé de nuevo suelo nipón ya pasaban las 10:30 de la noche.
Llegué al aeropuerto de Haneda, cogí uj autobús que me dejó en Shinjuku y me fui andando hasta nuestro próximo hogar el Ace Inn Shinjuku.

Cuando llegué me encontré a Jesús liado con el móvil sentado en la puerta del hotel. Nos dimos un abrazo y entramos a ponernos al día, ya era tarde.

El plan era salir al día siguiente a primera hora en autobús para intentar subir el Fuji.
No teníamos ropa de abrigo, ni botas demontaña  y no encontraba mi frontal, pero Asako ya nos había reservado los billetes con salida a las 7:40 y nos fuimos a dormir a las 4:00...

Después de pasar 24 horas en una terminal, un palizón de 8 horas de avión y habiendo dormido 3 horas, cuando sonó el despertador no me lo podía creer.
Jesús me despertó, dejamos nuestras mochilas en el pasillo para guardar las maletas y nos fuimos con lo justo y dos mochilas pequeñas a escalar el Fuji.

Llegamos con tiempo a la estación de autobuses de Shinjuku, compramos algo para desayunar y cuando nos dimos cuenta estábamos de camino a la montaña más sagrada de los japoneses.

Una vez allí fuimos al punto de información y cuando nos vieron las pintillas para escalar el Fuji se echaron las manos a la cabeza.
Nos recomendaron que alquiláramos botas de montaña. Jesús lo hizo porque traía unas de suela plana y tela, pero yo llevaba mis Nike de educación física y pensé que ya sería suficiente.

La mujer del punto de información nos dijo que allí no habían cajeros y que deberíamos pagar todo con tarjeta. Nos reservó un refugio en la octava estación y nos fuimos a una tienda de souvenirs del Fuji donde había material de montañismo.

El monte Fuji es el volcán más importante de Japón, tiene 3776 metros de altura y el camino se distribuye en 10 estaciones.
El autobús nos dejó en la 5a estación a 2500m de altura.

Este monte ha servido de inspiración a muchos artistas y poetas japoneses, es considerado sagrado, de hecho en la cima hay toris, las puertas que indican que allí hay un templo sintoísta.
Dicen que todo japonés debería subir al menos  una vez en la vida, nosotros estábamos a punto de nacionalizarnos.

En la tienda compramos un montón de cosas. Yo me compré un gorro, unos guantes, unos calcetines gordos, un frontal, un mosquetón, agua y un montón de barritas y geles.
Jesús se compró un chubasquero y unas cuantas barritas y geles también.
Él llevaba camisetas de recambio pero no pantalones y yo en cambio llevaba pantalones de recambio pero no camisetas. Un desastre.

Cuando tuvimos todo organizado, empezamos a subir y la verdad que a buen ritmo. No vi en ningún momento a nadie que nos adelantara y nosotros en cambio adelantamos a un centenar de japoneses sin exagerar.

La subida hasta la 8a estación fue dura, no paró de llover en todo el rato pero de las 4 horas que ponía en los carteles que se tardaba nosotros subimos en 2 horas y 20 minutos.

Cuando llegamos al refugio estábamos empapados. Un hombre nos esperaba en la entrada para secarnos el chubasquero, acto inútil desde nuestro punto de vista.

Yo me dejé la camiseta y la chaqueta, me cambié los pantalones cortos empapados por los pantalones largos y Jesús hizo lo propio con la parte de arriba, lo que pasa es que no tenía pantalones de recambio y se puso un pareo que llevaba en la mochila.

De esa guisa se presentó para cenar y para desayunar al día siguiente.
Nos fuimos a dormir a las 5:30 de la tarde en sacos de dormir como latas de sardinas y la ropa mojada  la dejamos en bolsas de plástico y nos despertamos al día siguiente a la 1:30 de la madrugada para desayunar y seguir subiendo para llegar al espectáculo de la salida del sol desde la cima.

Cuando salimos para arriba todavía no se le habían secado los pantalones así que se los ató a la mochila con el mosquetón que había comprado y se fue en pareo para arriba cuando la gente iba abrigada y preparada como si se tratara del Everest, incluso algunos tenían botellas de oxígeno.

Mientras vas ascendiendo las estaciones,  el precio de las cosas también van al alza con la altura: la comida, la bebida y el lavabo. Sí como escucháis, en las primeras estaciones valía 100¥ y en las estaciones de arriba ya costaba 200¥!

Cuando empezamos a subir con mi frontal repetimos el mismo proceso, empezamos a adelantar a los grupos de japoneses que atascaban el camino creando un río de luciérnagas en la noche.

Según los carteles tendríamos que tardar 1 hora y 15 minutos y subimos a la cima en 40 minutos. Demasiado pronto.

Soplaba un viento increíble y con las bajas temperaturas la sensación de frío  era el doble, y más si vas con pareo...
En ese momento me alegré de haber comprado la ropa de abrigo.

Con que teníamos que esperar todavía 2 horas más y hacía muchísimo viento, nos arrimamos a una pared y nos abrazamos para aprovechar el calor humano y de pasó tapar las piernas desnudas de Jesús.

Al cabo de una hora estábamos muertos de frío, tiritando y en ese momento me acordé de los pingüinos emperador y en la forma que tienen de agruparse para sobrevivir al frío del Ártico.

Justo cuando ya estábamos hablando de volver al refugio sin ver la salida del sol, apareció nuestro salvador: -----------.

Este hombre nos enseñó lo que es la calidad humana hasta límites que no conocíamos hasta el momento.

Nos regaló unos pantalones a cada uno, a Jesús le compró unos guantes y un chocolate caliente.
A todo esto, con que no sabía nada de inglés, en un momento en que Jesús había ido a correr para calentar y este no lo vio, se pensaba que se había perdido y con que no podía comunicarse conmigo, llamó a su hermana, la despertó y estuve hablando con ella la cual me dijo que su hermano estaba preocupado porque había desaparecido mi amigo.

Finalmente abrieron un refugio y todos entramos a esperar la salida del sol y allí invitamos a nuestro amigo a una sopa y un chocolate caliente.

Después llegó el momento esperado: la salida del sol.

Salió de entre las nubes hacia arriba. Salió como una bola naranja que teñendo tonos más amarillos a medida wue avanzaba el tiempo.

No se pudo disfrutar lo que nos hubiera gustado debido al fuerte viento. Pero estábamos satisfechos.

Después convencimos a nuestro nuevo amigo para dar la vuelta al cráter y subir al punto más alto de Japón y así lo hicimos. Con la salida del sol, la temperatura era más agradable, aunque el vendaval no había amainado. Aún así decidimos dar la vuelta al cráter y subir hasta el punto más alto de Japón inviertiendo una hora más de nuestro tiempo.

La bajada se nos hizo larga. Parecía que no se acababa nunca.
El camino de bajada es distinto al de dubida y solo hay gente bajando.
Las rodillas empezaban a cargarse, a medida que bajábamos la temperatura aumentaba y nos íbamos quitando capas de ropa.

Finalmente nos despedimos de nuestro amigo salvador el cual nos regaló los pantalones, nos dimos las direcciones de Facebook y tras un buen rato de charlas y descansos llegamos de nuevo a la 5a base.

Allí devolvimos las botas de alquiler, comimos algo, nos hicimos una foto donde aparecía la fecha de bajada de fondo y descansamos hasta coger de nuevo el autobús de vuelta a Tokyo.

Al llegar, reservamos una noche más en el Ace Inn Shinjuku, solo les quedaba una habitación!

Esta vez estuvimos en una habitación japonesa con tatami en la 10a planta. Nos duchamos, cenamos en un restarante de carne que me encantó acompañado de una soda bien  fresquita y nos fuimos a dormir pensando en los planes del día siguiente.

Cambio de hotel, Kamakura, el gran buda, la playa y celebración anticipada de mi cumpleaños en sábado noche!
Ayasuminasai!




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