AVENTURAS EN ASIA

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martes, 12 de agosto de 2014

Las islas Phi Phi: de fiesta en el Edén.

Cuando se planteó la posibilidad de hacer una escapada a Tailandia una vez que Rubén y Jesús compraron los billetes para acompañarme en esta aventura, lo primero que se me pasó por la cabeza fueron las islas Phi Phi.

Son unas islas para todos los gustos: para los que les gusta el descanso y el relax y para los que prefieren aventura y fiesta.

Nosotros hemos sido más de la segunda opción pero también hemos tenido algún momento de relax.

Es imposible que pueda redactar con detalles todo lo vivido allí, pero si que os puedo decir los momentos más significativos para mi allí.

Las islas Phi Phi estan formadas por dos islas: Phi Phi Don y Phi Phi Leh.

En la primera se halla el puerto de Tonsai donde desembarcan los barcos desde Pucket. Alrededor del puerto hay un montón de hoteles, restaurantes, tiendas y pubs mientras que las discotecas estan en la playa.

Las cosas que me gustan de Ko Phi Phi es que no hay vehiculos a motor, todo está cerca y hay muchas zonas sin asfaltar. Me recuerda a un camping y este hecho le da un aire de libertad a la zona.

Phi Phi Don tiene dos orillas y siguiendo la playa del otro lado hacia el sur se encuentra long beach, una de mis playas favoritas. Para llegar se tiene que recorrer la costa bordeando los resorts de lujo donde se alojan muchos japoneses y más hacia el sur todavía, adentrándose entre la selva y el mar, hay otros complejos de Bungalows con unas vistas increibles y estan apartados de todo. Seria una opción genial para relajarse y desconectar pero no fue nuestro caso...

El segundo día estuvimos en Long Beach.
Bordeamos la costa como os he explicado, atravesamos la selva y después bajamos hasta la playa para pasar el día leyendo, tomando el sol, bañándonos y haciendo esculturas de arena!

Sí sí no habéis leido mal! A Jesús le salió la vena de artista que tiene y empezó a hacer una cara gigante escuchando música con unos auriculares.
La gente se acercaba a mirar la escultra y en aquellos momentos me sentía orgulloso de mi amigo, parece una tontería pero pensaba:"Sí, es mi colega" jajaja.

Después del momento art attack, regresamos a Tonsai pero no volvimos sobre nuestros pasos sino que atajamos por el mar porque la marea ya había bajado por la tarde.

La sensación de pisar la arena fina mojada es como la de pisar la arcilla con los pies desnudos. La verdad es que ya lo hice la primera vez que vine en 2011 y me encantó repetir esa experiencia.

Los 3 primeros días recorrimos la isla y salimos de fiesta a la discoteca Slinky.

Al llegar nos acomodarnos en el hotel The White 2  recomendado por  mi amigo Sergio Peña y resultó ser un acierto al igual que el resto de hoteles de Tailandia que me aconsejó. Lo bueno de este hotel aparte de estar limpio, ser espacioso y disponer de una terraza privada, es que está relativamente cerca del puerto, en el núcleo de restaurantes y tiendas que os he dicho antes, pero a su vez está lo suficientemente apartado como para que no moleste la música de las discotecas ni la gente que sale de fiesta.

Después de dejar las maletas comimos algo y seguidamente subimos al mirador para divisar el paisaje panorámico de la isla.

El mirador es el punto de refugio en caso de Tsunami.
Para llegar hasta allí subimos una buena pendiente con un montón de escaleras.
Al alcanzar la cima vi que habían cosas que habían cambiado: había una zona ajardinada, carteles nuevos con indicaciones de los miradores y de una playa para ver la puesta de sol a unos 40 minutos de allí y que cobraban 20 baths por entrar... Hace tan solo 3 años era gratis! 

La cantidad es poco significativa, vienen a ser 50 céntimos, pero me sorprendió el hecho de que estos Tailandeses no dejan nada por explotar.

Aquella tarde nos relajamos allí arriba disfruarando de unas charlas, un helado y unas buenas fotos.

Al tercer día volvimos por la tarde al mirador de nuevo,  pero esta vez para 
Ir a la playa de la puesta de sol a unos 40 minutos de allí.

Para mí todo aquello era nuevo!
Recorrimos la selva dirección al Noreste, descubrimos un mirador nuevo, recorrimos un complejo de lujo bastante apartado y acabamos en la playa del resort cuando ya estaba anocheciendo.

Habíamos bajado muchas pendientes por la montaña y nos empezamos a preocupar porque estábamos realmente cansados y porque no teníamos luz para volver por la selva.

Preguntamos a la gente del resort si podíamos volver con los taxi boats que son las típicas barcazas alargadas de Tailadia que se mueven con un motor que se controla manualmente en la parte trasera (proa).

Pues imaginaos la situación: vimos una de estas barcazas a una distancia considerable de la orilla porque la marea estaba baja,  e ipso facto nos descalzamos y nos metimos a andar por el agua hasta llegar allí.
Pregutamos al único taxista marino que quedaba y lógicamente engrosó la cantidad del viaje en 200 baths, que al cambio son 5 euros y el total del viaje fueron 800 baths (lo normal son 200 barhs por persona).

En aquel momento respiramos tranquilos y volvimos en aquella barcaza completamente a oscuras.
Fue una experiencia genial.

Por las noches, como os he comentado, íbamos a la discoteca Slinky.

Slinky es la discoteca por excelencia allí.
Imaginaos a un centenar de personas descalzas en la arena de una playa increible, con un dj buenísimo, unos altavoces gigantes y que las copas las sirven en cubos en vez de en vasos...

Bueno el resultado no es difícil de imaginar: allí conocimos a un montón de amigos nocturnos y cada noche disfrutamos de la fiesta como si no hubiera mañana.

Esta vez si que noté la diferencia después de 3 años: el cuerpo tarda más en recuperarse, los años no pasan en valde jejeje.

Una de las noches dejé las chanclas en un rincón y cuando fui a ponérnelas ya no estaban... Una vez le pasó esto a mi amigo Alberto Encinas y le comentaron lo que yo me apliqué en este caso:" si vuelves a casa sin chanclas, es que ha sido una buena fiesta" jejeje.

Pues esa fue la conclusión de aquella noche, menos mal que Jesús me trajo unas Hawaianas blancas que sobraron al acabar la fiesta! Gracias Jesús!

Por último os  tengo que explicar la visita a la isla de Phi Phi Leh.

Allí no hay hoteles ni alojamientos y solo se puefe acceder en barco ya sean grandes de forma organizada o en pequeños botes privados.

Nosotros contratamos un barco grande porque Rubén tiene dendencia a marearse.

Aquel día visitamos bamboo Island, monkey island, hicimos snorkel un par de veces y visitamos Maya Bay, la famosa playa de la película de Leonardo di Caprio.

El balance del día fue que conocimos a unos amigos mejicanos con los que nos fuimos de fiesta por la noche, que descubrimos que Jesús tiene fobia a los barcos porque se puso malísimo por el baivén continuo de nuestra embarcación y que nos quemamos literalmente al
olvidarnos la crema en el hotel...
Menuda insolación pillé en la cubierta del barco,
hasta me eché una siesta!
Llegué al hotel con fiebre y todo!
Pero bueno a partir de ese momento nos alejamos temporalmente  del sol y fuimos precavidos protegiendo nuestra piel como se merece.

Después de este popurrí de experiencias nos despedimos apenados de este pequeño paraíso con la mente puesta en nuestro próximo destino: nos quedaba un largo viaje hasta Chiang Mai...

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