Jesús ha salido hace un rato a desayunar algo y Rubén y yo estamos preparando la mochila.
Cuando nos quisimos dar cuenta, Jesús ya estaba de vuelta y estábamos los 3 rumbo a Seminyak.
Nada más bajarnos del coche y entrar por la puerta del hotel ya vimos que el cambio había sido un acierto.
Era demasiado pronto así que tuvimos que esperar un rato hasta que estuviese preparada la habitación y mientras tanto estuvimos conectados a internet y poniédonos al día.
Más tarde, nos avisaron que ya estaba lista y subimos a dejar nuestras cosas.
Allí nos encontramos con el mejor alojamiento hasta la fecha: porche con mesa, butacas y nevera, dos habitaciones independientes de las cuales una era enorme, una cama gigante y dos individuales...
Todo estaba impecable!
Lo primero que hice fue organizar todas mis cosas y después me fui a comer algo al reataurante que teníamos al lado del
hotel.
Jesús no tenía hambre y Rubén no estaba fino del estómago y me encargó un plato de arroz blanco y un pocari sweet que es el aquarius de aquí.
Este restaurante al que llegué por casualidad, resultó ser mi nuevo centro de confort aquí porque tenía wifi, la comida era buenísima, el personal era encantador y la música que ponían encajaba en cada momento.
El nombre del restaurante es Sunshoot y está en el octavo puesto de los mejores restaurantes de Bali según Trip Advisor.
Aquí hicimos todos los desayunos, comidas y cenas de nestra estancia en Seminyak y más adelante volví a repetir en otra ocasión una vez se hubieron marchado mis amigos, pero eso ya os lo contaré más adelante.
Después de comer fui a llevarle el arroz blanco a Rubén, que se quedó viendo Gladiator y acto seguido, Jeús y yo nos alquilamos unas motos y nos fuimos a la playa de Seminyak a iniciarnos en el surf.
Después de aparcar y caminar un poco llegamos hasta la inmensa playa de Seminyak, me recordó a las de Conil de la Frontera en Cádiz.
Estuvimos debatiendo si era mejor contratar un monitor o no, pero después de preguntar en un par de puestos nos recomendaron que prováramos nosotros porque el monitor solo iba a dar instrucciones desde la orilla y nos serviría bien poco.
Así que tras unas indicaciones en la orilla sobre como levantarse y que pie debíamos poner atrás, nos embarcamos con nuestras tablas gigantes que pesaban como un muerto.
La primera experiencia no es que fuera muy buena...
Nos metimos en el agua, nos atamos la cuerda con el velcro al tobillo y empezamos a remar hacia el fondo porque teníamos que adentrarnos hasta la segunda línea, ya que en la primera era donde rompían las olas.
Cuando estábamos remando, nos encontramos con una ola que a mi me pareció enorme y pensé en lo que me habían explicado mis amigos surfistas: "cuando vas remando hacia las olas tienes que hacer el pato que es hundir la tabla con una patada a la vez que se contrae la zona abdominal para pasar por debajo de la ola".
Bien, pues cuando intenté hacer eso con una tabla de surf similar al Titanic, comprové que era insumerible (como decían en el barco de Leonardo Di Caprio en la película) y el resultadó fue que la ola nos escupió para atrás haciéndonos centrifugar cual lavadora industrial de lavandería!
Jesús estuvo a punto de desistir y tras dos intentos más fue a la orilla a descansar un poco.
Yo entendí que lo que había que hacer era pasar por encima enganchándote a la tabla tumbado y no se si es así, pero me funcionó.
El segundo paso fue ponerse de pie, otro drama.
Empecé remando en el mismo sentido que la ola y justo cuando pasaba por debajo intenté ponerme de pie haciendo fuerza con los brazos y colocando el pie izquierdo detrás y el derecho delante.
Ipso facto intenté mantener el equilibrio deslizándome sobre la ola hasta que se convirtió en espuma y perdí velocidad bajándome de la tabla.
Suena bien eh? Pues lo conseguí hacer 3 veces en una hora y cuarto.
Para mi sorpresa, este paso se le dio bien a Jesús, quien llegó a pillar 3 olas seguidas y todo!
El resultado fue duro y gratificante.
Duro porque acabamos magullados y con varias rascadas y porque comprovamos que era un deporte muy frustrante.
Pero por otro lado la sensación que tuvimos fue muy gratificante y divertida durante escasos momentos como novatos.
Seguidamente nos fuimos al hotel no sin antes extraviarnos un poco y de vuelta nos encontramos a Rubén descansando en la piscina del hotel.
Después de ducharnos, nos acicalamos y nos fuimos a cenar a nuestro restaurante para ir después a la macrodiscoteca Sky Garden en Kuta.
Cuando bajamos a cenar nos encontramos con dos chicas de Tarragona con las que nos habíamos cruzado previamente en el barco de vuelta de la isla Gili Trawangan.
Recuerdo que las conoció Jesús y nos las presentó cuando yo andaba mal de la barriga todavía en aquel momento.
Entonces esperamos al barco que estaba a atracado en la arena y mientras esperábamos en la orilla, nos alcalzaron las olas y nos mojamos los pies (casualmente aquel día me apeteció ir
en bambas que acabaron un poco mojadas...).
Tras el momentazo nuestras nuevas amigas me preguntaron qué hacía con bambas y una de las dos bromeó respondiendo que me encontraba mal y no me daba para pensar.
Después de este inciso introductorio, os sigo contando que pasó a continuación.
Iban en moto y por lo que se vio, se habían perdido al volver de la playa y habían dado muchas vueltas.
Esto se hacía presente en la cara de agobio que llevaba la que coducía (Griselda) mientras que con la que hacía de paquete (Nuria) estuvimos charlando un poco y les recomedamos el Sunshoot para cenar y quedamos para vernos allí más tarde.
Después de cenar les explicamos a las chicas nuestro planning y como era
sábado noche, nos dijeron que se apuntaban a ir de fiesta compartiendo el taxi hasta Kuta.
Pese a que éramos 5 personas no fue un problema compartir un taxi así que Rubén se montó delante y Jesús y yo
nos apretujamos con las chicas detrás.
Al llegar nos encontramos con una discoteca enorme con 3 plantas a cual más difierente: desde Rock en vivo, música electrónica, hip hop, comercial...
Cada planta estaba a su vez distribuida en diferentes salas. Recuerdo una que olía a una mezcla entre vómitos y ganchitos (no duramos mucho allí) y la que me gustó más que estaba en la úlima planta con música comercial llena de extranjeros, la mayoría australianos.
Al entrar nos pasó algo muy gracioso.
Con el precio de la entrada te entraban o bien dos cervezas o un cocktail.
Nosotros pensamos que con dos cervezas apuraríamos más el tiempo y no gastaríamos tanto, pero para nuestra sorpresa, al canjear la consumición en la entrada nos abrieron las dos cervezas de golpe! Así que allí estábamos los tres con dos cervezas cada uno! Menuda estampa!
La noche resultó en que Jesús y Rubén se volvieron antes y yo me volví con nuestras amigas catalanas más tarde.
Fue una noche genial.
Al día siguiente, después de descansar lo necesario, comimos con la idea de ir más tarde al templo Tanah Lot para ver la puesta de sol.
Pero al final entre que se presentó Jose y estuvimos charlando con él y que nos despedimos de nuestras amigas catalanas, se nos hizo tarde y pasamos la tarde buscando los Outlets de Seminak con la mala suerte que acabamos en uno de comida.
Eso sí, nos comimos unos churros como antojo y nos reímos mucho cuando Jesús se colgó una camiseta de un supermercado en el hombro y cuando nos dimos cuenta que la llevaba ahí colgando ya estábamos fuera, después de haber pasado por caja y todo.
Finalmente fuimos a nuestro restaurante favorito y nos fuimos a descansar después de cantar unos karaokes en la
habitación. Fue divertidísimo!
Al día siguiente nos esperaba un viaje en avión de 4 horas a Tailandia.
Nuestro tiempo juntos en Indonesia había
llegado a su fin. Pero aún nos aguardaban muchas aventuras, experiencias y amigos en un nuevo país.
Terima kasih Indonesia!





No hay comentarios:
Publicar un comentario