Además de ser amigos, con Mireia comparto también profesión, es la jefe de estudios en el colegio donde trabajamos.
Oscar me estaba esperando a la salida del aeropuerto y con la moto de alquiler me llevó hasta el hotel donde estaban alojados.
Allí estaba Mireia, estuvimos charlando y poniéndonos al día y acto seguido, reservé un bungalow por una noche y una moto.
Ya era la hora de comer así que degustamos comida local y después cogimos las motos y pusimos rumbo a Tanah Lot.
Tanah Lot es el templo más representativo de Bali, aparece icluso en los billetes.
Se me había resistido en 2 ocasiones, pero a la tercera sería la vencida.
Fui siguiendo a Oscar estando alerta del caótico tráfico y finalmente llegamos.
La verdad que el sitio merece la pena. El templo está situado en un enclave privilegiado: a la derecha hay una roca agujereada sobre el mar y el templo queda sobre ella como si la roca fuese un puente natural. Las vistas de la puesta de sol son espectaculares.
A mano izquierda hay una cueva en el mar que cuando se pone el sol y la marea baja, sirve como templo para bendecir a los feligreses a los cuales se les pone como una especie de grano de arroz en la frente.
Para colmo, aquel día el cielo estaba despejado, habían unas olas increíbles y
sorprendentemente, vimos una bandada de miles de pájaros sobrevolando el templo. Fue espectacular.
Después de esto fuimos a cenar al que fue mi centro de confort en Seminyak, el restaurante Sun Shoot.
Después de dar algunas vueltas para encontrarlo, llegamos y los camareros se acordaban de mí, me dieron la mano y me preguntaron por Jesús y por Rubén.
Allí disfrutamos de una buena cena y de una buena charla, de esas de sobremesa.
Al cabo de un rato se hizo tarde y nos dirigimos a nuestro hotel donde nos despedimos y nos fuimos a dormir con buenas sensaciones.
Al día siguiente el taxi me estaba esperando bien temprano, me llevó al aeropuerto y después de pasar los controles pertinentes llegué a mi puerta de embarque.
Allí me encontré con una grata sorpresa: estaban retransmitiendo un partido de fútbol del Barça de la era Guardiola como entrenador, jugaban contra el Rayo Vallecano.
Acabaron 5 a 0 a favor del Barça y me di cuenta de la diferencia que había con el Barça actual y eché de menos ese juego magistral y la velocidad de los jugadores.
En fin, después de volar en un avión de la compañía Garuda Indonesia, muy pequeño, con hélices de aspas y muy moderno (aluciné cuando me dieron el desayuno!) aterricé en el aeropuerto de Labuan Bajo: un descampado y un sólo edificio con una única puerta de embarque.
Al salir me dirigí a las oficinas de la isla donde iba a pasar los 3 siguientes días.
Digo la isla porque después de haber estado allí no puedo decir el nombre a quemarropa en público.
Es como si te tocara la lotería y se lo fueras contando poco a poco a toda tu gente (evidentemente a los que vea se lo contaré y a los que me pregunten por privado también) y para los curiosos que quieran investigar si miran por el Google islas cerca del parque natural de Komodo seguro que lo averiguan también, pero así me sentiré bien de no haberlo dicho en público.
Esa isla, a día de hoy, es un lujo de la naturaleza muy poco explotado y económicamente muy accesible.
Imagino que de aquí a unos años, aquello puede convertirse en un resort de super lujo tipo Bora Bora o Maldivas.
Pues en esa isla pasé 3 días alucinantes.
Apenas éramos 60 personas y todo estaba hecho pensando en el medio ambiente, hasta los lavabos.
El agua no se como lo harían pero tanto las cañerías como los grifos estaban hechos de bambú y tenías que ducharte sin desperdiciar agua para que llegara para los demás huespedes (habían carteles que aconsejaban 3 minutos cayendo agua aproximádamente).
La isla tenía un centro de submarinismo, un restaurante/ recepción con un solo turno para desayunar, comer y cenar y también había una zona donde vivían los trabajadores.
Los huéspedes se podían alojar en bungalows, bales (tipo cabañas en primera línea de mar) y en tiendas de campaña.
Cuando reservé con dos meses de antelación solo quedaban tiendas de campaña ya.
En esta perla del Índico había una montaña donde podías ver la puesta de sol o el amanecer y desde donde podías bajar a la otra playa de la isla cuando la marea estaba alta, ya que cuando la marea baja al atardecer, se puede rodear la isla caminando en unos 40 minutos.
El primer día estuve alucinando con la belleza y la exclusividad del lugar, a la vez que tanteaba el terreno y reservaba las actividades para los días posteriores.
Como cada día que estuve allí, a las 16:30 subía a la montaña hasta la zona más alta, extendía mi pareo, sacaba un libro y disfrutaba con mi cita con el sol hasta que se escondía del todo a las 18:00 de la tarde.
El segundo día tendría que haber ido a la excursión a Rinca, para ver los dragones de Komodo.
El hombrecillo que gestionaba la salida me dijo que a las 7:30 tenía que estar allí para desayunar en el restaurante porque a las 8:15 salía el barco.
Ese día se me pegaron las sábanas y llegué a las 8 al restaurante siendo consciente que tenía unas galletas y una botella de agua para desayunar en el barco.
Cuando llegué a las 8 vi como zarpaba el barco delante de mis narices. Pero con el paraiso que tenía ante mi, cómo iba a reprimirme?
Ese día fui hasta la otra parte de la isla atravesando la montaña. Allí hay una playa que solo se puede acceder por la montaña cuando la marea esta alta o nadando, pero no es aconsejable.
Pues allí estuve todo el día completamente solo disfrutando de una joya de la naturaleza: había un árbol por si querías sombra, unas aguas completamente cristalinas y un montón de coral junto con una gran diversidad marina para disfrutar con el snorkel, fue increible.
Después de mi cita con el sol y una ducha quedé para cenar con unos amigos que hice en la isla (una pareja que estaban viajando por el mundo después de haber trabajado en Nueva Zelanda y ahora estaban echando una mano con las excursiones allí, él era argentino y ella italiana).
Después de cenar disfruté de un concierto improvisado de uno de los locales que cantaba y tocaba bajo el cielo estrellado. Más tarde, después de una cerveza me fui a descansar para levantarme temprano, ya que al día siguiente tenía 3 inmersiones.
El siguiente día fue uno de los mejores de las vacaciones. Estuvimos todo el día en el barco con comida y bebida e hicimos 3 inmersiones de unos 50 minutos cada una.
En la primera vimos un arrecife de coral precioso y muchas tortugas, en la segunda estuve a escasos metros de mantas enormes de 3 o 4 metros y en la tercera bajé una pared bajo el mar rodeada de miles de peces, coral, tortugas y también vimos 5 o 6 tiburones.
Fue una pasada!
Esa misma noche, después de volver a cenar con mis amigos, tuve una charla birra en mano con Will, un norteamericano que andaba viajando en libertad allí donde se sentía feliz, un auténtico nómada que se movía por impulsos.
Tengo un gran recuerdo de esa conversación acerca de lo que es importante o no en esta vida y que cosas podemos hacer para intentar ser felices, nuevos modos de vida, etc. Fue muy gratificante.
A la mañana siguiente desayuné temprano y cogí el barco y el avión que me devolverían a Bali nuevamente.
Allí cambié las rupias por yenes japonseses y cogí el avión que me llevaría de nuevo a Kuala Lumpur, donde llegaría a la medía noche.
Aún no tenía ni idea de lo que me esperaba...










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